Pago al Éxito

March 9, 2019

 

Vivimos en una cultura de simulación. Las personas se han convertido en objetos para alcanzar las propias metas. Se manipula, tergiversa, se usa a los otros a conveniencia.

 

Recuerdo una conversación con Rosaura Barahona, en la que me comentaba sorprendida que, en una ocasión, alguien la invitó a que diera una conferencia ante un nutrido grupo. Cuándo preguntó cuáles serían sus honorarios, quién la invitó le dijo asombrado: “¿Cómo?,¿Vas a cobrar? Pero si lo único que vas a hacer es pararte frente a la gente a platicar”

 

Este no fue con caso aislado. Las instituciones educativas están acostumbradas a pedir participación de profesionales en sus congresos, seminarios y exposiciones, ofreciendo a cambio el “prestigio” de haber contribuido en sus proyectos.

 

Pueden preguntar también a los presentadores de libros. Los que tienen qué leer la obra, hacer una síntesis de lo más relevante, desarrollar un texto congruente, inteligente y, acudir a un recinto a exponerlo para poner ante el público el más reciente trabajo del autor. Y aunque esto se considera un honor, todo ese tiempo podría haber sido destinado en algo que fuese lucrativo.

 

Lo que sucede es que, con el reconocimiento, el prestigio y los aplausos, no se paga la renta, ni la colegiatura, ni la ropa, la gasolina, los gastos médicos, el seguro del carro, ni los servicios de luz, agua, gas, etcétera.

Después de años de pagar mes tras mes la colegiatura de mis hijos de manera anticipada, en una época económicamente complicada, le dije a la coordinadora de secundaria que quizá me retrasaría cuatro o cinco días en el pago de la cuota de ese mes. Su respuesta fue que mejor buscar la forma de cumplir, porque si no lo hacía, los niños no podrían presentar los exámenes del mes y además, les mandarían llamar ante la dirección frente a todos sus compañeros.

 

¿Quién por su prestigio podría ingresar a un hospital sin una tarjeta de crédito en la mano? Vivir cuesta y cuesta caro.

 

Hoy día se está acuñando un nuevo término que tiene que ver con esta práctica de solicitar servicios a los demás de forma gratuita. Ahora se le llama “pago al éxito”, lo que no es otra cosa más que poner a trabajar a los demás, para que inviertan sus propios recursos, sus esfuerzos y su tiempo, en hacer un servicio, actividad o trabajo, para quien no está dispuesto a invertir un peso, si no está totalmente satisfecho con el resultado final.

 

Y aunque puede sonar interesante y en muchos casos necesario condicionar el pago al resultado, en otros tantos, se debe comprender que el éxito es multifactorial y no siempre es posible que alguien, a voluntad, o con sabiduría o esfuerzo, pueda conseguir el máximo resultado.

 

Imagine que le pidiéramos a un nutriólogo que nos atendiera una o dos veces por semana, que nos hiciera menús personalizados de comida, pero no le pagaríamos nada sino hasta que nos haga perder todos los kilos extra que tenemos. O como si no le pagáramos las consultas o la cirugía a un médico, si no nos garantiza curarnos de un cáncer, de diabetes o si no tuviera éxito un trasplante de riñón.  

 

En el área de reclutamiento de personal muchas empresas están intentando hacer lo mismo, sin embargo, publicar vacantes en las bolsas de trabajo cada día cuesta más caro y, el tiempo en buscar candidatos, leer sus currículos, hacer entrevistas, entre otras cosas, tiene un precio que debe ser pagado, sin importar si el cliente más adelante decide contratar a un familiar, promover a un empleado, cancelar la vacante, o cualquier otra decisión distinta a la planeada.

 

Mientras haya quién lo permita este tipo de prácticas pueden arraigarse más en la cultura mexicana, algo que convendría evitarse. El tiempo, la experiencia, la creatividad y los conocimientos de los demás, deben tener un valor monetario si queremos los ciudadanos y la economía del país prospere.

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