HUMANOS DESECHABLES

November 7, 2017

 

 

A diferencia de otras épocas en que los dueños de las empresas sabían que para construir imperios debían fincar ladrillo por ladrillo, sembrando, insistiendo, perseverando, incrementando su tolerancia, fortaleciendo su paciencia para esperar buenos frutos y cosechar, los empresarios modernos, en su mayoría jóvenes deseosos de alcanzar el éxito de un día para otro, han llevado su necesidad de inmediatez al interior de sus organizaciones.

 

Tienen urgencia por conseguir logros y no están dispuestos a esperar. Toman decisiones precipitadas porque sienten que no necesitan mayor análisis, que saben a ciencia cierta lo que sucede, que conocen el origen, las causas de los problemas y asumen la “solución” más próxima con la que esperan resolverlos de tajo: correr a su personal.

 

Buscan al mejor elemento posible exigiendo en ellos cualidades sobresalientes por las que no están dispuestos a pagar. Aprovechan un mercado contraído, una demanda de empleos exuberante y, negocian, aprietan y sacrifican lo más posible a su nueva adquisición.

Lo contratan leyéndole la cartilla desde el día cero. “A la primera equivocación, quedas fuera” -le dicen. Y se lo cumplen. Y despiden a quién sea sin mayor miramiento. No importa su edad, ni su sexo, ni la trayectoria que le preceda.

 

Le solicitan que se retire porque en la visita con el cliente se quedó callado o porque cuando habló, no dijo la frase correcta. Porque no llevó lista una propuesta alterna o porque le dedicó demasiado tiempo a hacer una, cuando lo que requería era buscar más clientes. Porque buscó más clientes pero lo hizo a través del directorio telefónico desconociendo las nuevas tecnologías, señal de que está obsoleto. O porque sí usó el internet, lo que evidencia, dicen, que le encanta la computadora para mantenerse chateando.

 

Sin ningún miramiento les piden que abandonen su trabajo de un día para otro. Qué más da si dejó un empleo anterior de varios años, si tiene hijos que mantener, si la crisis le impedirá conseguir otra oportunidad en el corto plazo, si dedicó horas y días y fines de semana completos a cumplir las megaexigencias de sus patrones. Se deshacen de él y punto. Como material desechable. Y apenas si se le permite recoger sus cosas y se le amenaza porque, “no querrás meterte en problemas ¿verdad?”

 

 Y a buscar el que sigue. Y cuando éste llegue, se le advertirá de la magia que deberá realizar para que no le ocurra una desaparición espontánea como a su antecesor. Y así, sucesivamente, mientras en el camino se preguntan los jóvenes empresarios qué pasa que no logran alcanzar sus metas.

grios@assesor.com.mx

 

 

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